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Higiene canina

Higiene canina

Neo es un perro inodoro, huele como una rebeca de lana que usas siempre, pero no tiene el característico olor que tienen los perros, que se te pega desde que lo tocas y no consigues librarte de él hasta que te restregas con la esponja de crin por todo el cuerpo. Pero cuando abre la boca... ¡ay, cuando abre la boca! tiene una halitosis cabalgante capaz de tumbar a un ejército.

Ya había perdido su color albaricoque para pasar a un color más bien pantano fanganoso, por lo cual decidí bañarlo.

La palabra baño tiene una reacción inmediata en Neo. Creo que también entiende bañito, agua y ducha, porque cada vez que hago referencia a ello, huye como perseguido por diez demonios a esconderse debajo del sillón.

Así que me mantuve callada. Le dije: -Ven, Neo. Él, que siente debilidad por mí, se aproximó al momento. Le quité la correa. -Mala señal, pensaría él. - Esto me huele a chamusquina. Y efectivamente, en menos de dos minutos estaba enjabonado hasta las orejas, intentando que el agua de la ducha no le llegara a la cara. Cuando por fin le quité todo el jabón, decidí hacer algo que ya se me había pasado por la cabeza alguna vez pero que nunca había llegado a hacer: cogí un pequeño cepillo de dientes de viaje y decidí que un buen lavado le ayudaría con su mal aliento.

No sé si fue el sabor del "Colgate", pero no le hizo ni la más mínima gracia, y reaccionaba como si le estuviese lavando los dientes con ácido. Al final, acabé mi operación frotándoselos suavemente con el cepillo sólamente empapado en agua.

Ahora comprendo por qué no se ha desarrollado aún la industria de la higiene bucal canina.

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1 comentario

Sandra -

Adios, Neo. Siete años después de escribir este artículo me abandonas para siempre. Seguías con tu halitosis cabalgante, más fuerte que nunca, y hace unos días hice otro intento de lavarte los dientes, por las protestas de mi hija Cloe, esa niña que te desplazó de un lugar privilegiado hace 5 años, en que pasaste de mi niño a ser mi perro. Esa niña que decía ser tu mejor amiga y que hoy también te ha llorado con toda la fuerza de sus pulmones, y que no ha parado de hablar de ti. Anoche hacíamos planes las dos para hacerte un album de cachorro que le regaló el veterinario cuando no quería acercarse a ti en la consulta porque olías mal. Ibamos a poner fotos tuyas desde que superases esos dos días decisivos tras la operación de hernia donde te encontraron un trozo de intestino necrosado y tuvieron que cortarlo y volverlo a unir. Una operación delicada y un intento desesperado por retenerte a nuestro lado. Esta mañana mi niña me dijo que soñó contigo, que llegabas a una casa con jardín, que ella pide a su pozo de los deseos y yo pensé... Ya no está... Y le daba prisa para ir a verte al veterinario y no tener razón. La veterinaria me dijo que falleciste sobre las 11 de la noche, una hora después de yo fuese a verte y no pudiese por no encontrar aparcamiento. Conservo un pequeño vídeo de esa misma mañana. Me alegré porque hasta movías el rabo al verme y pensé que lo superarías. Perdona por no prestarte tanta atención estos últimos años en que Cloe acapara toda mi energía. Adiós, amigo, compañero. Nunca te olvidaré.
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