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Cuerpo y mente

Astenia Primaveral

Astenia Primaveral

¿Estás cansado, irritable, apático, con falta de interés, el cuerpo te pesa como si fuera de otro y tienes que pedirle permiso a cada músculo para poder moverlo?

No es que te hayan desenchufado de Matrix y se te esté acabando la batería, ¡tienes ASTENIA PRIMAVERAL!

Este trastorno típico de la estación que vivimos afecta a gran número de personas, en mayor medida a mujeres que a hombres y sus síntomas siempre están relacionados con la fatiga, aunque no se realice un gran esfuerzo.

No es que la astenia se dé sólo en primavera, pero durante esta época es cuando más casos se dan, debido a cómo afecta el cambio climático a esa maquinaria que es el cuerpo humano.

En algunos casos, su origen puede ser físico: debido a una depresión, por el uso prolongado de determinados fármacos o como síntoma de otra enfermedad más grave.

Pero la llamada astenia primaveral, que surge con la llegada del buen tiempo, tiene como causa la disminución de betaendorfinas en el plasma, que son de esas sustancias que tango me gustan a mí que regulan nuestros estados anímicos.

Mis recomendaciones para superar la astenia primaveral:

Sal de los lugares cerrados y viciados; date un paseo, respira aire puro y toma un baño de sol y otro de agua si tienes la playa cerca. Intenta dormir un poco más, levántate tarde los días libres, sin prisa y tómate un buen desayuno mientras hojeas el periódico o le dedicas un rato a tu lectura favorita. Come sano, no te olvides de las ensaladas y la fruta y de vez en cuando, un pedazo de chocolate te subirá el ánimo. Verás como pronto, tu cuerpo recuperará su energía habitual.

 

 

 

 

 

 

 

 

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10 Razones para dejar de fumar

10 Razones para dejar de fumar

1.- Porque con el dinero que te vas a ahorrar teniendo en cuenta el precio del tabaco (entre 30 y 100 euros al mes) al año podrás comprarte un ordenador decente, darte ese viaje que tanto te apetecía o irte de cena con tus amigos e invitarles (que ya va siendo hora).

2.- Porque besar a un fumador es como lamer un cenicero. Para alguien que no fuma, el olor a tabaco resulta realmente asqueroso y más si proviene de la boca de alguien. Yo tendría que anestesiarme con alcohol para besar a un fumador.

3.- Porque dentro de unos años tu voz no se parecerá a la de Joaquín Sabina, que por muy bien que cante, está tan cascada que duele al oído.

4.- Porque se te quitará esa tos de camión sin batería que tanto rasca en la garganta y reducirás el riesgo de muchos tipos de cáncer del aparato respiratorio.

5.- Porque tus dedos volverán a tener su color natural y no el amarillo nicotina que te hace parecer que se te van a caer.

6.- Porque tu sonrisa será más blanca.

7.- Porque tu piel no se parecerá a la de un cachorro de shar-pei.

8.- Porque se acabarán las quemaduras en el tapizado del coche y en la ropa.

9.- Porque ya no experimentarás esa ansiedad que se siente cuando estás en un lugar donde no se puede fumar y necesitas con urgencia un cigarrillo.

10.- Porque todos los que te rodean te lo agradecerán y dejarán de acosarte con comentarios sobre lo malo que es el tabaco.

El amor y sus teorías

El amor y sus teorías

El amor. ¿Qué tiene el amor que hace que la humanidad se rinda a sus pies?

El amor es algo muy complejo y casi indefinible, porque se puede ver desde tantos puntos de vista diferentes, que yo siempre digo que en el amor, todo es posible, todo tiene cabida.

No voy a escribir un artículo romántico ni excesivamente cargado de emotividad, porque lo que me interesa es ver el amor desde una perspectiva diferente, una perspectiva que nos ayude a superar un desamor, una ruptura, un momento de soledad o de carencia afectiva.

Cuando estudiaba en la Universidad la carrera de Psicología (que nunca acabé ), tuve que hacer un trabajo cuando dimos el tema de las emociones y yo elegí para el trabajo una de las emociones que me parecía más interesante: EL AMOR. Es curioso, porque es el único sobresaliente que he sacado en Amor en toda mi vida.

Pero quiero hablar de las teorías del amor que saqué de mi investigación de aquel entonces y que aún hoy en día me parecen interesantes. Una de ellas es la Teoría triangular del amor de Stenberg. Este psicólogo decía que el amor está compuesto por 3 diferentes componentes:

• Intimidad

• Pasión

• Compromiso

Según se combinen estos elementos obtendremos diferentes tipos de relación.

Por ejemplo, cuando sólo existe intimidad, a este tipo de amor le llamamos cariño.

Si sólo predomina la pasión, se llama encaprichamiento.

Y si lo que predomina es el compromiso, es un amor vacío.

Cuando se combinan dos o los tres elementos, aparecen otros tipos de amor:

Intimidad + Pasión = Amor romántico

Intimidad + Compromiso = Amor sociable

Pasión + Compromiso = Amor fatuo

Y cuando aparecen los 3 elementos:

Intimidad + Compromiso + Pasión, aparece el amor consumado.

Según estos siete tipos de amor, podríamos clasificar cualquier tipo de relación. Pero esto no significa que la relación se mantenga siempre igual. Por ejemplo, imaginemos una relación ideal de amor consumado. Con el paso de los años, la pasión muere, y se convierte en una relación de amor sociable.

Ahora bien, aunque la teoría es muy interesante, no explica por qué nos sentimos tan desolados cuando experimentados una ruptura sentimental, tampoco explica cómo tras varias rupturas sentimentales nos armamos de mecanismos de defensa que a la vez que impiden que nos vuelvan a hacer daño, también impiden que volvamos a ser felices con alguien.

¿Por qué nos recreamos en experiencias pasadas y personas que no nos quisieron lo suficiente? ¿Somos los seres humanos masoquistas por naturaleza? ¿Nos gusta autocompadecernos? ¿Buscamos siempre el mismo prototipo de persona y por eso fracasamos cuando intentamos empezar con alguien diferente? ¿Quién no ha experimentado ese subidón que se siente cuando nos atrae otra persona? Ese querer, pero no saber; ese podría ser él/ella. Esta experiencia se vive cuando aún no nos hemos familiarizado con la otra persona, cuando no la conocemos lo suficiente y el misterio que la rodea hace que fantaseemos acerca de lo queremos que sea.

En muchas ocasiones no nos enamoramos de la persona en sí, sino de la propia fantasía que hemos creado acerca de ella. Y es entonces, cuando al descubrir que no es como creíamos, nos sentimos heridos, engañados. Habíamos comprado el billete hacia la felicidad, y ahora resulta que la compañía no se hace responsable de la pérdida de las maletas ni tenemos seguro de accidente. Y para colmo, sobrevolamos un espacio tormentoso sin un destino claro.

El secreto de la longevidad

El secreto de la longevidad

Mi abuelo materno fue un hombre fuerte y sano durante toda su vida. Nunca lo vi tomar medicamentos ni acudir al médico. Tenía dos remedios naturales, que utilizaba para curar cualquier cosa: el ajo y el limón. Murió a los 94 años. Aún lo recuerdo en la clínica pocos días antes de morir, cantando puntos cubanos.

Mi otro abuelo aún vive. Tiene ahora también 94 años. Su secreto, creo que ha sido ese optimismo con que ha mirado siempre la vida.

Así que la receta para la longevidad consiste en añadir ajo, limón y grandes dosis de optimismo a la vida.

A continuación hablaré de uno de estos ingredientes: EL AJO.

El ajo es una hortaliza muy popular y muy utilizada en la cocina mediterránea para condimentar platos, aportándoles un fuerte aroma y sabor. Pero es crudo como conserva la mayor parte de sus propiedades. Es un potente antibiótico natural, capaz de acabar con hongos, virus y bacterias; reduce la presión arterial y el colesterol; se lo relaciona con la previsión de determinados tipos de cáncer, ayuda a controlar el estrés y la depresión, incrementando el nivel de serotonina en el cerebro y es un eficaz anticoagulante. Ni mosquitos ni vampiros se acercarán a tu sangre si antes has consumido ajo, ya que éste hace que metabolicemos una sustancia que los repele.

Es por todos conocidos el mal olor que se despide al consumir ajo. En el caso del mal aliento, una solución es eliminar la semilla central. Respecto al mal olor que produce la transpiración, se debe a sus propiedades para la eliminación de toxinas. Esto sucede durante un corto período de tiempo, mientras eliminamos esas toxinas, pero si mantenemos una alimentación sana, el mal olor desaparece. Se produce el mismo efecto que cuando empezamos a practicar algún deporte después de estar tiempo inactivos. Al principio sudamos mucho más y despedimos mal olor con el sudor, debido a que estamos depurando el cuerpo, eliminando las toxinas a través del sudor. Poco a poco, nuestro organismo se va equilibrando, el olor desaparece y el sudor disminuye.

El ajo tiene también efectos vasodilatadores, que hacen que se ensanchen nuestras arterias, disminuyendo así la presión sanguínea. Ayuda a incrementar los niveles de insulina en la sangre, disminuyendo el nivel de azúcar; previene enfermedades respiratorias y ayuda a eliminar parásitos, entre otras muchas propiedades.

Para beneficiarnos estas propiedades se debe comer crudo y bien machacado, pero sin demorarnos, ya que las sustancias beneficiosas que posee son altamente volátiles (alicina) y se pierden en pocos minutos.

¿Hipocondríaca yo?

¿Hipocondríaca yo?

A los siete años de edad, decidí que los médicos y yo no nos llevaríamos bien y me negué en rotundo a ir; y por supuesto, a que intentaran ponerme una inyección. Soy alérgica a la penicilina y eso me ha servido de excusa durante años para evitar los pinchazos. Lo cierto es que cuando te haces mayor, no te queda otro remedio que empezar a ir a revisiones de todo tipo. Las más temidas: las ginecológicas.

El día que fui por primera vez después de muchos años, me descubrieron un mioma. Yo, que soy un poco fatalista, estuve un mes doblegada por el nerviosimo y me hice adicta al ginecólogo. Iba cada tres meses, pensando que el temido mioma se habría convertido en un enorme cáncer. Lo cierto es que mi ginecólogo me hace descuento cada vez que voy, por clienta asidua.

Un mal día, me levanto con un dolor en el pecho acompañado de un buen bulto. Todo mi cuerpo tembló. No pegué ojo. Y mi mente vio la película de mi vida con las repeticiones de las mejores jugadas.

Al día siguiente me fugué del trabajo para ir de nuevo al ginecólogo. Nunca pensé que llegaría a pagar dinero para que me tocaran las tetas, pero así fue. Luego, casualidades de la vida, tuve que hablar por trabajo con la presidenta de una asociación contra el Cáncer de mama, y le comenté lo que me pasaba. La mujer, muy simpática ella, me habló de chicas que con treinta años habían dejado un bultito insignificante para volver a verlo al cabo de seis meses y que se había convertido en un cáncer de mama bien extendido.

Acabé haciéndome una mamografía por recomendación del ginecólogo. Yo pensaba que era una especie de radiografía, pero lo que no sabía es que para hacértela utilizan un instrumento de tortura que te aprieta los pechos hasta convertírtelos en una tortilla.

Cuando acabó la sesión de fotografía interior, mis piernas temblaban y me sentía mareada y con ganas de vomitar. Salí de allí como pude, jurándome a mí misma no volver. El resultado: nada demasiado sospechoso; vamos, que tengo un quiste.

Hace varios días, llevé una radigrafía de mi dolorida espalda al médico. Me diagnosticó artrosis. Yo ya me vi como una de esas viejitas que caminan como cuando las muñecas de Famosa se dirigen al portal.

Creo que sí, que soy un poco alarmista. Tal vez debido a que pasé tantos años sin ir al médico que cuando fui este año por primera vez,  la médico me decía: -Usted no viene mucho por aquí. Su ficha está vacía. Yo le contesté que había ido a médicos privados, por decir algo...

Lo cierto es que este año ya llevo varias visitas al médico de cabecera, al traumatólogo, al ginecólogo y estoy pensando ir a un dermatólogo.

En mi última visita al ginecólogo, tuve que cambiar. El mío habitual estaba de vacaciones y decidí ir a otro que éste recomendaba en su ausencia.

¡Qué tío! Un encanto. Cuando todavía estaba sobre la camilla y aún no me habían limpiado del gel ese que te ponen para hacerte una ecografía, él se despide de mí como si de su hija se tratara. Me da dos tiernos besos en las mejillas  allí mismo.

Yo quise abrazarlo y decirle:

- Gracias por atender con tanto cariño a una pobre hipocondríaca...

Estirando los músculos - Body Balance

Estirando los músculos - Body Balance

Ayer cumplí mi promesa. A las seis y media de la tarde allí estaba yo, armada de valor, decidida. Me paré delante de la puerta, respiré hondo y eché el último vistazo hacia arriba, hacia aquel cartel que ponía en letras grandes: GIMNASIO.

Entré bolso en hombro. No me había olvidado de nada, tenía la toalla, la ropa, el peine y los artículos de aseo por si me duchaba allí y hasta el candado para la taquilla, después de haber hecho una colección de candados durante todos estos años en que esporádicamente me apuntaba al mismo gimnasio.

Tenía la tarjeta automática y uno de los primeros números de socia. La de gente que ha pasado por allí desde que me apunté por primera vez hace ocho años. Pero siempre hay caras habituales, los de siempre, los vigoréxicos y los que van por temporadas, como yo, los monitores antiguos, con cara de cansancio y los nuevos, jóvenes y animosos.

Después de echar sapos y culebras por la boca por el abuso de precios, ya que en un año habían subido 9 euros, pagué la tasa y me cambié, dispuesta a dar vida a mis tendones y músculos.

Salí y me miré al espejo. Estaba aún maquillada, parecía que iba a un gimnasio de Melrose Place, con el rímmel aún cubriéndome las pestañas. Después saludé a mi ex profesor de Psicología, que por alguna razón siempre que me ve me cuenta sus andanzas y tras hablar de mis dolores de espalda, me cuenta a su vez sus lesiones y añade que a nuestros años nos empiezan todos los males. Yo le corregí. - Ey, macho, yo no tengo tu edad.-  Porque aunque se empeñe en parecer que tiene 30 años, esta vez se le olvidó darse el tinte y yo no podía dejar de mirar su canosa cabellera. Y los aparatos en la boca,que le daban un cierto aire de colegial, no podían disimular que las facciones de su cara también iban deshinchándose, confiriéndole esos rasgos que nos distinguen de una edad a otra.

Corrí  a la clase de Body Balance. El Body Balance es uno de esos deportes nuevos que mezcla ejercicios de Pilates, Yoga, Stretching y Thai Chi y que trabaja los músculos estirándolos, vigorizándolos y relaja las articulaciones. Los movimientos son lentos, pero no por ello dejas de sudar como un queso.

Tras un calentamiento muy armonioso y de suaves movimientos, como si intentases acariciar el aire que te rodea, pasamos a unos ejercicios bastante más duros. Oí como cada uno de mis huesos crujía cada vez que cambiaba de ejercicio, noté como el óxido intentaba desprenderse mientras rechinaban mis articulaciones. Mis músculos no tenían fuerza, mi pierna temblaba en un ejercicio de equilibrio al levantar la otra, y con mis brazos extendidos, parecía más un avión a punto de estrellarse que un silencioso planeador.

La monitora, al final de la clase, me preguntó si era mi primer día, yo le dije que sí y ella, sacó sus dotes comerciales de captadora de nuevos alumnos y me dijo que hacía muy bien las posturas y que mantenía la barbilla alta. En verdad que en la barbilla no tengo problemas y la subo y la bajo con una facilidad asombrosa.

Ahora sólo me queda, toda una vida de seguir practicando esto, si no quiero que la artrosis acabe con mi movilidad. Puede que dentro de unos años consiga hacer sin problema el avión planeador.

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Experimentar un déjà vu

Experimentar un déjà vu

Seguro que alguna vez has experimentado la sensación de vivir una experiencia que ya has vivido en alguna ocasión, como si la hubieses soñado. Y no estoy hablando de cuando entras todas las mañanas al trabajo… esa es otra sensación que sí se repite constantemente. Estoy hablando de lo que se conoce como un “déjà vu” (pronunciado deya vy), término francés que significa “ya visto”. Ya todo el mundo sabe lo que es porque también el término se ha hecho conocido con una película que del mismo título.

La experiencia del déjà vu es algo muy común que la mayoría de la gente ha experimentado en alguna ocasión. Ante un hecho que vivimos por primera vez experimentamos una sensación de familiaridad y cierto sobrecogimiento, porque aunque tenemos la sensación de haberlo vivido ya, no recordamos el haberlo hecho. No sólo se refiere al hecho vivido sino a todo el escenario donde éste ocurre: las caras, el lugar, los objetos; creemos que todo eso ya lo hemos visto en un momento idéntico.

Como siempre, a todo lo que nos sorprende y a lo que no encontramos una sencilla explicación lógica, le atribuimos unas características paranormales. Al déjà vu se lo relaciona con la clarividencia o percepciones extrasensoriales. Lo podemos relacionar con una vida pasada o paralela, con sueños o premoniciones.

El ser humano es muy dado a este tipo de historias de ciencia ficción que a todos nos encantan. Nos sentimos atraídos por lo desconocido, por lo oculto. Buscamos respuestas fantásticas a preguntas que quedan en el aire. Relacionamos hechos aislados y creamos teorías. Inventamos supersticiones. Cualquier cosa por encontrar respuestas a esas incógnitas que nos surgen en la vida, aunque dichas respuestas pensadas fríamente puedan resultar bastante absurdas.

La Psicología nos enseña que la mayoría de las preguntas tienen respuestas lógicas aunque nosotros no las conozcamos. La investigación científica comete muchos errores y el método científico está creado por seres humanos, imperfectos que se pueden equivocar, pero antes de irnos por las teorías más paranormales, debemos intentar ver al ser humano como una máquina tremendamente complicada donde los mecanismos más pequeños dan respuesta a los acontecimientos más cotidianos.

Existen diversas teorías acerca del déjà vu. Una de las que más tiempo se ha sostenido es la que lo explica como un fenómeno neuronal: nuestra vista, nuestro olfato incluso nuestro tacto percibe desde el medio exterior. Estas percepciones se transforman en impulsos nerviosos a través los diferentes receptores de nuestro cuerpo. Los impulsos nerviosos se transmiten por complicados procesos químicos a través de las neuronas, que hacen llegar esta información al cerebro. Las sensaciones, las imágenes, todo lo que percibimos son reacciones químicas en nuestro cerebro. En ocasiones puede pasar que nuestro cerebro no procese bien la información y que la interpretemos poco después de que el proceso haya ocurrido. Nuestro cuerpo ya ha experimentado las sensaciones, pero nuestro cerebro no es consciente de ello. Es por eso por lo que se produce esa sensación de haber vivido una determinada experiencia.

Tras ésta, otras teorías hablan de un "doble procesamiento" de la información, que se hace por dos canales diferentes, uno de recuperación de la información y otro de familiaridad y que cuando uno de ellos no funciona correctamente, provoca el déjà vu.

En la actualidad se ha observado este fenómeno estimulando determinadas partes del cerebro y algunas investigaciones sostienen que incluso los ciegos son capaces de experimentar el déjà vu, por lo que se descartaría la vista como único motor de arranque de esta sensación.

Todas estas teorías son, por supuesto, sólo teorías, pero cualquiera de ellas es más lógica y probable que el entender el déjà vu como señal de una vida anterior o una premonición de futuro.

Chocolate y endorfinas

Chocolate y endorfinas

Hoy le quiero dedicar este trocito de mi blog a esa delicia que todos conocemos y que es el chocolate. Esperad un momento… voy a llenarme la boca de inspiración y a dejar que mis endorfinas se disparen. (...)

Ya estoy... Mis glándulas salivales se han activado para detectar ese sabor dulce, suave que percibo en la punta de mi lengua y noto que me invade una sensación de bienestar, de placer; me deleito en el sabor, el aroma invade mi sentido olfativo, me siento más relajada mientras apuro la mezcla del chocolate derretido en mi boca junto a la saliva y aprieto la lengua contra el paladar para captar todo el sabor. El chocolate, mi gran amigo, injustamente tratado y símbolo de pecado y deseo.

Hoy quiero rendirle mi humilde homenaje y colocarlo en el lugar que se merece. Procede de la manipulación de las semillas del cacao, un árbol nativo del sureste de Méjico. Ya los mayas consumían un brebaje amargo hecho de estas semillas, pero no quiero alargarme con su historia, llena de anécdotas interesantes; prefiero hablar de sus propiedades, que son más beneficiosas que dañinas. Se dicen muchas cosas de él: que es adictivo, que es sustituto del sexo, que es estimulante. Todo ello cierto. El chocolate hace que se produzca la liberación de sustancias químicas en nuestro cerebro que se llaman endorfinas y que actúan como inhibidoras del dolor, es decir, como analgésicos y sobre las emociones fuertes, produciendo sensaciones placenteras. Estas sustancias son liberadas en mayor medida cuando nos enamoramos, practicamos el sexo y tras el parto. ¡Y cuando comemos chocolate!

Ayer compré una tableta (por no decir que fueron tres) cuando regresaba a casa. Era una tableta de esas finitas, de chocolate con leche de la marca habitual del supermercado. La abrí mientras conducía porque tenía hambre y no quería esperar a llegar a casa para comer algo. Fue tanto mi deleite y mi satisfacción que arrasé de un tirón con media tableta mientras bendecía a aquella milagrosa sustancia que hacía que el final de mi jornada laboral me supiera igual que el de un viernes a última hora (también hay activación de las endorfinas en estos casos).

Hoy quiero recomendarla a todos: a los deprimidos, a los golosos, a los faltos de cariño, a los hambrientos, a los hiperactivos, a los agotados y a los que simplemente AMAN EL CHOCOLATE.

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Té verde contra la gingivitis

Té verde contra la gingivitis

El té es una de mis bebidas preferidas. Lo tomo en todos sus estados: negro, verde y rojo; y de todos los sabores: con naranja y canela, con limón, con mango, cereza, frambuesa, vainilla…

El día que decidí llevarme el calentador eléctrico de agua  (keettle) al trabajo, que es un aparato que es para un inglés lo que una cafetera express para un español y que sirve para hervir el agua rápidamente, comenzó la operación tea time.

En dos meses he conseguido que media empresa tome té. Unos más habitualmente que otros, pero incluso algunos que decían que no les gustaba, ahora disfrutan de él. De todo ello, deduzco su poder adictivo.
He investigado sus propiedades y cada día estoy más convencida de que tomar té es una sana costumbre.
Existen cuatro tipos de té dependiendo del estado de fermentación de la hoja, que van desde el té blanco, hasta el té negro, pasando por el verde y el rojo.

El té blanco, es un té hecho con las yemas de la planta, antes de que se abran. Su valor como antioxidante es muy apreciado y también es el más caro a la hora de comprarlo.

El té rojo es un té a medio fermentar; tiene propiedades antioxidantes, protege el sistema cardiovascular, es recomendable para perder peso y para prevenir ciertos tipos de cáncer.

El té negro está totalmente fermentado. Es muy sabroso y aromático. Entre sus propiedades está la no oxidación del colesterol bueno, la prevención de la caries, y es beneficioso para el sistema cardiovascular.

Pero entre todos los tés, quiero hablar especialmente de uno: el TÉ VERDE.

El té verde no resulta tan sabroso como los otros tipos, pero sus múltiples beneficios hacen que sea uno de los más recomendados y consumidos (que le pregunten a los chinos).

Yo quiero hablar por experiencia de una de sus propiedades menos conocidas: es un remedio maravilloso contra la gingivitis (enfermedad de las encías). Creía que lo había descubierto yo, pero parece ser que sólo lo he constatado. Este tipo de té verde impide la destrucción del colágeno, una de las principales causas de esta enfermedad.

Empecé a tomar té verde por sus propiedades antioxidantes, diuréticas y de activación del metabolismo, pues dicen que favorece la quema de grasas. Pero con el tiempo observé que mis problemas de sangrado de encías (gingivitis) habían desaparecido totalmente. Con el dinero que me he gastado en pastas y enjuagues especiales para el tratamiento de esta enfermedad, ahora resulta que cuando me he pasado al Colgate de toda la vida y he empezado a consumir té verde, mis dientes y mis encías están mejor que nunca. También ayuda a prevenir la caries y la formación de sarro. Con lo cual, ¡qué mejor enjuague bucal!

Olores, aromas y perfumes

Olores, aromas y perfumes

Habitualmente, consideramos como verdadero aquello que podemos ver, sentir y tocar… pero un poco más relegado tenemos aquello que podemos oler.

No nos damos cuenta de la interferencia inconsciente que pueden producir los olores en nuestro sistema nervioso, en nuestra percepción de la realidad y en nuestra visión de las cosas.

Ya Patrick Süskind lo demostraba en su magistral novela “El Perfume” donde casi podemos percibir los aromas que nos detalla su intrigante trama.

Cuando sentimos, asociamos esos sentimientos a las percepciones visuales, táctiles y por supuesto, olfativas. Qué mejor olor que aquel que nos evoca  nuestra infancia, aquella parte de nuestra vida más libre de preocupaciones y más receptiva a cualquier tipo de sensación.  El mundo ha cambiado; la polución, la contaminación, el aumento de la población y otra gran cantidad de factores han hecho que nuestro aire huela diferente. En el aire que respiramos se entremezclan el oxígeno y el nitrógeno con otro tipo de gases que son contaminantes: monóxido de hidrógeno, ozono, dióxido de azufre, dióxido de nitrógeno, amoníaco y monóxido de carbono. Además, podemos encontrar agua en suspensión y gran cantidad de polvo atmosférico, que está compuesto por humo, sal, arena fina, cenizas, esporas, polen y microorganismos. Las proporciones de todas estas sustancias hacen que nuestro aire sea más o menos puro y que los olores que percibimos sean diferentes unos de otros.

El ser humano está carente de la receptividad olfativa que tienen numerosas especies animales. Esto es debido al número de receptores olfativos que tenemos en nuestras narices. Mientras que el perro tiene 220 millones de células olfativas, el ser humano tiene solamente 5 millones. A pesar de ello, el sentido del olfato es el más sensible de nuestros sentidos (unas 10.000 veces más sensible) y por ello, percibimos los olores inmediatamente.

Los olores tienen más importancia de la que habitualmente le damos. Aunque pensamos que perder el sentido del olfato no sería tan grave como perder cualquier otro, también puede afectar a nuestra vida. Los olores se detectan en muchos casos inconscientemente.  Tengamos en cuenta que uno de los grandes placeres de esta vida como es comer, se convertiría simplemente en la satisfacción de una necesidad primaria si no tuviésemos el añadido que nos aportan los aromas de los alimentos. Nuestras papilas gustativas sólo son capaces de distinguir cuatro sabores básicos: dulce, salado, amargo y ácido. Sin embargo, nuestra nariz percibe los olores de los alimentos que contribuyen a satisfacernos a la hora de comer. Y para poner un ejemplo, recordemos que cuando estamos resfriados (y nos falla el sentido olfativo) decimos que la comida no nos sabe a nada y se nos reduce el apetito.

Otra característica importante que tienen los olores es la aceptación o rechazo que ellos nos producen. Los olores pueden avisarnos de algún peligro, como puede ser la presencia de fuego o de un gas tóxico. También pueden indicarnos que los alimentos se encuentran en mal estado, por la liberación de sulfuro de hidrógeno (olor a huevos podridos).

También afectan a nuestro estado de ánimo, produciendo reacciones diferentes. De esto se aprovecha la llamada aromaterapia, cada día más en auge entre las terapias de relajación. También los japoneses han aprovechado los beneficios de determinados olores para incluirlos en sus aparatos de aire acondicionado y motivar una mayor actividad en el trabajo.

Cada persona tiene su propio olor corporal, que se cree que viene determinado por los genes, los cuales van a determinar qué bacterias van a transformar el sebo de las glándulas sebáceas en ácidos grasos, determinando así sus características olorosas.

Estos olores está demostrado que influyen inconscientemente en las personas que los perciben, sobre todo, si son del sexo contrario.

Hay estudios recientes que defienden la existencia de feromonas (la hormona sexual) en el ser humano. Se ha comprobado como los ciclos menstruales de mujeres que pasan mucho tiempo del día juntas se van sincronizando debido a la secreción de algunos compuestos químicos provenientes de las axilas de las mujeres y que son capaces de acelerar o retardar la ovulación.

Si esto es cierto, probablemente los hombres también fabriquen sus propias feromonas y podríamos entender por qué a veces nos sentimos atraídos hacia alguien sin ninguna explicación lógica, o por qué rechazamos a alguien que físicamente e intelectualmente nos atrae argumentando que no hay química.

Y tú… ¿a que hueles?

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