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Día Mundial del cáncer de mama

Día Mundial del cáncer de mama

Hace ya un año que dedico un trocito de mi blog durante este día a hacer un recordatorio para tener presente esta terrible enfermedad. El cáncer de mama puede ser tratado si es cogido en sus comienzos; a toda mujer que me lea, le aconsejo que no olvide hacerse al menos una vez al año las revisiones ginecológicas pertinentes y sobre todo, hacerse autoexploraciones con frecuencia por si nota algún bulto anormal, ir sin pérdida de tiempo al médico.

Esto no significa que todo los bultos sean cáncer de mama, la mayoría pueden ser simples enquistamientos o tumores benignos, pero no por ello hay que dejar de prestarles atención.

También he de recordarle a las futuras mamás que la lactancia materna no es sólo una buena forma de alimentar a sus bebés, transfiriéndoles las propias defensas de la madre, sino que ayuda a prevenir también a las madres contra el cáncer de mama.

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Día Mundial del Cáncer de Mama

Día Mundial del Cáncer de Mama

Me he levantado hoy sintiendo un dolor en el pecho izquierdo, donde tengo un bulto y además el corazón. Más tarde me he enterado que hoy, 19 de octubre, es el Día Mundial del Cáncer de Mama, que ha hecho tantos estragos que se ha ganado el privilegio de tener un día propio, junto al Orgullo Gay, la Mujer Trabajadora, Las Personas de Edad (como si alguna no tuviese edad) y el Medio Ambiente. Los cierto es que las Naciones Unidas se gastan los sesos buscando un tema para cada día del año y dicho tema puede ser igualmente negativo que positivo. Porque entre el Cáncer de Mama y la Paz, pues yo prefiero el de la Paz, pero todo sea dicho, mi cuerpo se ha solidarizado hoy con el del Cáncer de Mama y ha hecho su propia manifestación (no de cáncer, espero) pero siempre dando esos sustillos al cerebro hipocondríaco de su poseedora.

Pues aprovechando la ocasión, hago un recordatorio a las mujeres que han pasado tan terrible trago y un  recordatorio a las que no, para que no dejen pasar sus revisiones periódicas y autoexploraciones con el fin de detectar a tiempo esta temible enfermedad, que hoy en día gracias al diagnóstico precoz, puede ser curada.

También aprovecho la ocasión para llamar la atención a la Sanidad Pública, que aunque se gasta millones en campañas publicitarias para concienciar a la población femenina de que acuda a sus revisiones, cuando ya te han detectado el cáncer, siguen siendo igual de lentos que siempre en darte una cita de urgencia (esto es verídico, pues me lo contó ayer una mujer que padece esta enfermedad).

Y como culminación a este artículo propongo un nuevo tema a las Naciones Unidas siguiendo su línea general de celebraciones: ¿Qué tal celebrar el Día Mundial del Estrés y la Ansiedad? ¿Y el día del Político Corrupto? ¿O el día Internacional de la Especulación Creativa?

¿Se acabó mi juventud?

¿Se acabó mi juventud?

Algo se ha secado en mi cerebro. Mis neuronas parecen haber cogido las vacaciones de julio. Hace cuatro días que cumplí los 35 años y no he escrito una palabra desde entonces. ¿Será el principio del fin? ¿Son los 35 la edad en que uno empieza a hacerse viejo? De momento, ya ni siquiera tengo las mismas ayudas de viviendas para jóvenes. El gobierno ya no me considera joven y yo sigo sin vivienda.

Me miro al espejo y trato de localizar esas dos nuevas arrugas que marcan el paso a los 35 pero sólo descubro un grano nuevo y las ojeras de siempre. Lo cierto es que nací con ojeras, me vienen de fábrica. En las pocas fotos que poseo de mi tierna infancia ya las llevaba, aunque en una cara mucho más redonda y mofletuda. Era un pan con ojeras.

¡Pero si visto muy moderna! Uhmmmm... ¿Seré una eterna inmadura? ¿Una ridícula señora con ropas de colegiala? El otro día una amiga me presentó a un amigo suyo que me llamó por dos veces señora. Estuve a punto de arrearle un bolsazo de rebajas, pero me contuve... ¡estoy perdiendo espontaneidad! Señora... ¿Señora yo?? ¡¡¡Señora tu madre!!!

Voy corriendo a hacerme una cirugía plástica de cerebro para rejuvenecerme las ideas y recuperar mi inspiración.

Hoy he decidido cocinar

Hoy he decidido cocinar

Hoy me he puesto el delantal, me he recogido el pelo en un moño y me he metido en la cocina. He decidido cocinar; se acabó la comida prefabricada y comer siempre lo mismo. He decidido convertirme en una gran cocinera. Para empezar… voy a alimentar a Neo, mi muy querido perro, que me mira con ojos de: - Me comería hasta el pienso, pero dame algo.

Así que he decidido prepararle un rico plato de pollo a la Sandrini. Eché agua en un caldero y lo puse a hervir con el pollo dentro, que previamente había descongelado. Dejé el agua calentando y me vine a esperar mientras seguía haciendo mis cosillas en el ordenador.

 

Creo que a veces me abstraigo tanto, que me olvido de las cosas que dejo a medias. Estaba yo con mis pensamientos puestos en mis historias, cuando el fuego de la cocina alcanzó la cortina de la ventana, prendiéndose rápidamente. Yo tenía la música alta y no oía nada. Hasta que el ambiente empezó a cargarse de un humo negro y un calor sofocante me invadía. Decidí levantarme a ver qué pasaba, cuando de repente recordé el pollo que había dejado al fuego. Corrí hacia la cocina; la cortina había ardido por completo y los muebles comenzaban a hacer lo mismo. El aire que entraba por la ventana alimentaba las llamas  y media cocina ardía ya. Busqué a Neo y lo vi asustado escondido bajo una silla. Lo llamé y salió corriendo. Una pequeña chispa prendió sus pelitos de lana mientras yo lo sacudía con una camisa que había encontrado por allí. No se podía respirar y el calor lo derretía todo.

Buscando...

Buscando...

Hoy he mirado en la cocina, en el salón, en el dormitorio y en el baño. Luego busqué en la oficina, en bar de la esquina, en el parque y en el camino a casa. Probé en el subterráneo, a la orilla de la playa, en el banco y las tiendas.

Por último busqué en el ascensor, debajo de las escaleras, dentro del armario y al final.... miré en el espejo, ¡y ahí estaba! Tanto tiempo buscándome a mí misma y por fin me encuentro. Juro que no vuelvo a beber...

 

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Vendedores de humo

Vendedores de humo

Pues sí, no estoy segura de cuándo, pero fue en a finales del siglo pasado o a principios de éste cuando empezaron a emerger las nuevas profesiones de los vendedores de humo. Porque veamos, ¿que hace exactamente un consultor? ¿Y las empresas de protección de datos? A mí me pueden soltar diez mil veces el mismo rollo con el mismo tono de haberse tragado una enciclopedia, que sigo sin creerme nada. ¿Quién les dio la potestad del verbo "optimizar"?

Cuando acabé mis estudios asistí a un par de seminarios de esos que quedan muy bien en el curriculum: "Como rentabilizar la participación en Ferias", "Comercio exterior y África Occidental", "Las normas ISO 9000", y que, personalmente no me han servido para nada, excepto para darme cuenta de los trucos que utilizan algunos poderosos para desviar la atención sobre mercancía que no paga ningún tipo de aranceles pero que tampoco llega jamás a su destino.

Cada vez que alguien me dice: soy consultor, siempre me imagino una gran catástrofe natural: un terremoto, una fuerte tormenta, un tsunami. Y entonces los imagino a ellos, los consultores, con su traje de Armani y su corbata de Emidio Tucci, intentando recordar en qué master estudiaron sobre primeros auxilios y supervivencia, sin lograr recordarlo.

Los imagino en el paro, intentando engañar a los de La Cruz Roja de que su empresa necesita ser revisada para evitar posibles desfalcos en el abastecimiento de mantas y tiendas de campaña entre los afectados.

Yo no tengo hijos, pero si algún día tengo uno, espero que sea fontanero, electricista, médico o bombero, pero que nunca me diga:

-Mamá, quiero ser consultor.

Higiene canina

Higiene canina

Neo es un perro inodoro, huele como una rebeca de lana que usas siempre, pero no tiene el característico olor que tienen los perros, que se te pega desde que lo tocas y no consigues librarte de él hasta que te restregas con la esponja de crin por todo el cuerpo. Pero cuando abre la boca... ¡ay, cuando abre la boca! tiene una halitosis cabalgante capaz de tumbar a un ejército.

Ya había perdido su color albaricoque para pasar a un color más bien pantano fanganoso, por lo cual decidí bañarlo.

La palabra baño tiene una reacción inmediata en Neo. Creo que también entiende bañito, agua y ducha, porque cada vez que hago referencia a ello, huye como perseguido por diez demonios a esconderse debajo del sillón.

Así que me mantuve callada. Le dije: -Ven, Neo. Él, que siente debilidad por mí, se aproximó al momento. Le quité la correa. -Mala señal, pensaría él. - Esto me huele a chamusquina. Y efectivamente, en menos de dos minutos estaba enjabonado hasta las orejas, intentando que el agua de la ducha no le llegara a la cara. Cuando por fin le quité todo el jabón, decidí hacer algo que ya se me había pasado por la cabeza alguna vez pero que nunca había llegado a hacer: cogí un pequeño cepillo de dientes de viaje y decidí que un buen lavado le ayudaría con su mal aliento.

No sé si fue el sabor del "Colgate", pero no le hizo ni la más mínima gracia, y reaccionaba como si le estuviese lavando los dientes con ácido. Al final, acabé mi operación frotándoselos suavemente con el cepillo sólamente empapado en agua.

Ahora comprendo por qué no se ha desarrollado aún la industria de la higiene bucal canina.

Me da igual

Me da igual

Me da igual que me llames atea porque no quiero creer en nada impuesto y porque no busco respuestas sencillas a preguntas complicadas...

Me da igual que me mires con desdén porque digo lo que pienso sin arroparme con el manto de la hipocresía...

Me da igual que pienses que no soy nadie porque he decidido vivir cada segundo de mi vida sin postponerlo siempre para después.

Me da igual si crees que falto al respeto cuando no estoy de acuerdo con lo que no creo inteligente. Cuántas veces en mi vida me han faltado al respeto por no preguntarme si yo quiero lo que se me impone...

Me da igual si eres más alto, más guapo, más divertido o más inteligente que yo... Yo tengo mi propia vida y no es una competición...

Lo que no me da igual... y no voy a permitir...¡es que te hayas bebido mi cerveza!

¡QUÉ DIFÍCIL ES SER MUJER!

¡QUÉ DIFÍCIL ES SER MUJER!

¡Qué difícil es ser mujer! Y no estoy hablando de las mil y una luchas que tenemos por ocupar nuestro lugar en la sociedad actual; estoy hablando de esa lucha constante contra nosotras mismas que dura unos 40 años hasta que por fin somos dueñas de un cuerpo que ya no nos responde.

Durante la adolescencia las alteraciones hormonales nos afectan a todos, hombres y mujeres. Pero a las mujeres nos siguen afectando durante muchísimo tiempo más: hablo del maldito síndrome premenstrual. Y recalco lo de PRE, que la creencia popular es que la alteración se produce cuando nos viene el período, pero lo cierto es que es antes y el cuerpo se empieza a normalizar cuando por fin acontece la bajada de la "maldita".

El caso es que los cambios hormonales nos afectan sobremanera, no sólo manifestándose una serie de alteraciones físicas que casi todas conocemos: nos hinchamos como globos ¡sí! no es que nos hayamos hartado a comer dulces esa semana. Si de repente le sueltas a tu compañera de trabajo: te noto más llenita... sentirás además esa mirada asesina y fulminante que si no te desintegra, al menos hace que quieras desaparecer de la faz de la tierra. Se llama retención de líquidos, afecta a unas mujeres más que a otras y puede hacernos subir alrededor de unos 2 kilos (no sé si llamarlos litros) los días previos a la regla.

Y los pechos…  crecen, se hinchan, se ponen redondos y duros como pelotas de baloncesto. ¡Qué fantástico!, pensarán algunos. ¡Error! Son intocables. A ver quién es el osado que se atreve a poner una mano encima de un pecho que parece que va a explotar de dolor.

Eso por no nombrar los cólicos y dolores de ovarios, que en algunas ocasiones son tan fuertes que tengo amigas a las que les oído decir que su parto les dolió menos.

Luego están los cambios de humor: No los tenemos porque queramos. Las fluctuaciones hormonales nos hipersensibilizan y a veces nos vuelven incluso agresivas... ¿peligrosas? no tanto... todavía no he oído un caso de que una mujer asesine a su pareja por inestabilidad hormonal. Pero no te sorprendas si de repente esa dulce chica que nunca se queja de nada te responde a gritos cuando le preguntas por qué no ha terminado el trabajo que le encargaste hace una semana: Puede que te dispare cuatro verdades que en su estado normalizado estarían disfrazadas por su educación y saber estar, aparte que probablemente no tendrían la misma importancia.

Y no, seguimos sin saber a qué huelen las nubes, no nos levantamos una mañana orgullosas de ser mujer por usar una determinada marca de compresas o tampones; ni los unos ni los otros evitan esa sensación de estar sucias por no decir que por muchas alas que se empeñen en ponerle a las compresas, seguimos sin poder volar.

Un consejo: no hace falta recordarnos que estamos en “esos días”. Ya lo sabemos. A ver qué excusa tienes tú cuando no haya quien te aguante.

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